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Encontrar sentido a lo que vemos como una catástrofe, supone no rendirse. No perder la su ilusión. Podemos centrarnos en lo que la crisis no puede quitarnos para no sucumbir. El entusiasmo, la integridad y la bondad, nunca estarán en crisis, justo lo vital para ser feliz.
Quién sabe si esta crisis, que está destruyendo los sueños de tanta gente, reconstruya valores tan necesarios como la humildad, la gratitud y el amor. Aceptar lo perdido, sin amarguras ni resentimientos, cuidar las relaciones sociales y querer lo que se tiene, importa hoy más que nunca. También importa sonreír. Una sonrisa provoca por sí sola un estado de ánimo positivo. Además es contagiosa. Los abrazos, a veces subestimados, generan pensamientos positivos, estabilidad emocional y crecimiento personal. Porque nos llenan de energía.
Agradecer, pedir perdón, perdonar, mostrar afecto, paz, alegría, ganas de colaborar, de compartir, de transmitir buenos sentimientos… eso no cuesta nada y es vital en los momentos en los que otras cosas que creemos que son nuestros pilares, se desmoronan.
Es hora de cambiar el éxito y el poder por el amor y la esperanza. En crisis, con gran tensión y falta de equilibrio, es el mejor momento para ensalzar estos dos pilares esenciales para tanta gente en países en vías de desarrollo. Quizá somos nosotros, a los que ahora les toca aprender.