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Sur Digital (Andalucía)
A sus 32 años, aquella niña que fue víctima en 1991 de un atentado de ETA que la dejó sin piernas y sin tres dedos de una mano es hoy toda una mujer que da lecciones de superación allá por donde pasa. Ayer lo hizo, invitada por el ex fiscal Ignacio Gordillo, actual abogado del bufete Martínez-Echevarría, ante un grupo de féminas empresarias y emprendedoras de Marbella.
-¿En qué ha consistido su encuentro con este grupo de mujeres?
-Se trataba de contarles mi experiencia. Todos los que hemos tenido que superar algo, si lo hacemos con optimismo, con fuerza, con perseverancia y con valor da frutos. Eso es lo que quería transmitir.
-¿Te consideras una mujer emprendedora?
-Terminé tres carreras universitarias, estoy en un equipo de esquí adaptado, también he competido en esgrima en silla de ruedas y emprendo un montón de cosas. Ya lo es la lucha diaria, ponerme las prótesis y moverme, no quedarme en casa, estar activa.
-¿Es más difícil transmitir positivismo en época de crisis?
-La verdad es que la gente está más negativa, como más reticente, pero justamente ahora es cuando más hace falta ese espíritu fuerte, esos valores que tenemos todos dentro, ese potencial que está ahí pero que a veces solo sale cuando pasan cosas malas o desgracias. Ahora, en crisis, la gente necesita más que nunca esa luz y esa paz interior que hace que las cosas vuelvan a su cauce. Es una etapa muy dura, para muchas familias realmente dramática, pero la pasaremos. Aunque esté en crisis el dinero y el trabajo, no lo está el amor, la alegría, la ilusión... Y eso es lo que he querido transmitirle a este grupo de mujeres, que pase lo que pase y estés en la situación que estés, si tienes ilusión y ganas al final todo se supera.
-¿Quiere decir que los límites nos los marcamos nosotros mismos?
-Absolutamente. A veces pienso que si no me hubiera pasado lo que me pasó igual tendría otros límites mentales, como ansiedad o miedo. Las barreras mentales te limitan mucho más que tu cuerpo, que una discapacidad. El hecho de tener una barrera física te hace superar las otras obligatoriamente. He conocido personas con discapacidad con una vida interior riquísima, mucho más quizá que a una persona que no le ha pasado nada. Vives más intensamente, sobre todo cuando has estado a punto de morir. Tenemos ganas de comernos el mundo.
-¿No le abruma ser un referente de superación?
-La verdad es que no. Ni siquiera en la adolescencia, que era cuando probablemente me tenía que pasar. Era una chica joven y me hacían fotos o entrevistas pero nunca me sentí mal porque no estaba haciendo un papel; era yo. No he tenido que demostrar nada ni mostrar una imagen a la galería que no era. Siempre ha tenido muy claro lo que es importante en la vida, que son los valores, la familia, la amistad, crearte metas... y esa ha sido la imagen que he dado. Pero como no es ninguna pose no me ha importado ser referente ni ser espejo de otros jóvenes.
-En su web, su primera declaración de intenciones es que siempre busca nuevos retos. ¿Los próximos?
-Ahora estoy con varios libros: una novela sobre la historia de una mujer que se queda en silla de ruedas y otro de investigación que saldrá para mediados del año próximo. Luego sigo con el reto del esquí, con el primer equipo femenino del mundo de esquí en sillas. Y otro reto es casarme y tener hijos. En junio me caso y para mí es el reto más importante.
-Además enseña valores con alumnos de ESO y Bachillerato. ¿Ese sí que debe ser un gran reto?
-La verdad es que a veces he salido bastante dañada. Los jóvenes no tienen ni idea de quién soy y les cuento mi historia, lo que he conseguido, y alucinan. Me preguntan que cómo puedo perdonar a quienes casi me mataron y me dejaron sin piernas y sin varios dedos y yo les digo que porque me quiero a mí misma. El que odia es el que sufre y el que no perdona es el que lo pasa mal. Como quiero ser feliz, perdono y continuo mi vida. Das una charla sobre el perdón o la humildad a niños que no entienden de la frustración, del esfuerzo, del sacrificio, del perdón, y a veces te toman como que es mentira lo que estás contando o que no eres tan feliz como dices. Y te lo comentan niñas de trece años que están amargadas porque han engordado un kilo. Es muy duro lidiar con esa juventud que realmente me preocupa. Se está perdiendo lo mejor de la vida, que es la adolescencia. Me choca que estén malgastando su vida. Pero veo cambios y al final sé que algo de lo que digo les queda.
-Pero, ¿usted también tendrá sus momentos de bajón?
-Los he tenido por otros temas, no por mi discapacidad, y los he superado gracias a la familia y con mucho amor. Pero respecto a la discapacidad, ¡jamás!. Solo cuando salí del hospital y me vi sin ropa, después de la ducha, sin piernas y con los injertos, pensé : ¿ésa soy yo? Ahí fue duro pero una vez que pasas esa etapa y te aceptas, nunca más. Me he caído, me he vuelto a levantar. Me he hecho rozaduras en la prótesis, me he tenido que volver a operar y nunca he dicho me cago en estos etarras. Lo asumes y ya está.