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Marta Adrados García
Su sonrisa permanente denota felicidad, nada que ver con las tristes imágenes que nos vienen a la cabeza al escuchar su nombre. Fue victima de un grave atentado terrorista en 1991 pero con fuerza, valentía y tesón ha salido adelante y ha conseguido convertirse en un modelo de superación.
Es amante de la novedad, los cambios y las emociones quizá por ello no existen días normales en su vida. Vive a caballo entre conferencias, eventos, presentaciones de libros… pero una de las cosas que mas destaca en este año han sido sus clases sobre valores a chicos de la ESO y Bachillerato.
Sus grandes ojos oscuros brillan cuando habla de su gran pasión, el esquí adaptado. De este deporte le gusta la adrenalina, la emoción, pero sobre todo la psicología de equipo. “Somos un grupo de mujeres, muy diferentes, que hemos conseguido hacer un equipo. El compañerismo, la unión y el respeto de ese equipo me aporta mucho” comenta mientras recibe una llamada en el móvil que por casualidad es una compañera de esquí.
Si hablamos de amor… ríe. Ha llevado una vida demasiado difícil para compaginarla con una relación, pero aún así, confiesa haber tenido mucha suerte aunque el hombre de su vida todavía no ha aparecido.
Estudió periodismo porque piensa que desde un micrófono se puede hacer mucho; concienciar e influir en la sociedad: “Mi teoría es humanizar un poco a la sociedad y ayudarla a ser feliz”. Esto es lo que intenta hacer con su columna de los viernes en La razón. “Tengo total libertad para escribir lo que quiera pero me dijeron que no fuese en contra de la Iglesia ni de la Unidad familiar” dice con gesto de aprobación.
Admite que quiere mucho a Nieves Herrero. Fue la primera periodista que le hizo una entrevista cuando estaba en el hospital, y la primera que le ofreció trabajo en RNE, por ello la considera su madrina en los medios. Si tuviese que elegir entre micrófono y pluma se decantaría por la primera, de hecho, le gustaría volver a la radio. La prefiere porque es mas directa: “La gente te escucha, se identifica mas y se siente mas cercana a ti”.
Hay dos hechos clave que han marcado la vida de Irene Villa: el atentado y la operación de oseointegración a la que se sometió en Suecia. Del atentado no recuerda nada pero considera que fue como volver a nacer: “Mi segunda vida nació ahí”. Cuando habla de la operación se le ilumina la cara. “Fue un momento doloroso pero fue una bendición, ahora puedo hacer lo que quiera, montar en bici, esquiar con las piernas puestas y un montón de cosas”.
Tras el atentado tuvo miedo a una mala reacción de los demás pero obtuvo todo lo contrario mucho más cariño, más amor… Se confiesa alegre y utiliza su felicidad y optimismo para superar las barreras a las que se puede ver expuesta por su discapacidad.
A pesar de ser una mujer fuerte, perdió su batalla con los medios de comunicación y considera que esta fue la etapa más dura de su vida. “Dejé de ser delegada de la Asociación de victimas porque estaba harta. Estaba harta de la manipulación de los medios, no me ofrecían trabajo en instituciones, como si yo fuese del PP y yo jamás en la vida me he posicionado políticamente”. Todavía hoy forma parte de esta asociación y lo hace porque se considera la cara visible de las víctimas: “Parece que si desaparezco yo, una parte de las victimas desaparece” comenta con tristeza.
Irene Villa comienza a imaginar… Imagina, y se pone en la piel de una Presidenta del gobierno. Unidad, firmeza, justicia y acorralamiento son las medidas que ella usaría en materia de terrorismo. En un principio no se oponía a la negociación: “Yo antes pensaba en hablar con los terroristas como psicóloga, y ayudarles… pero me he dado cuenta que esa mentalidad no va a cambiar. Ellos no entienden de dialogo, solo de armas y de bombas” afirma mientras acaricia la cabeza de su perro Leo.
Y para finalizar: ¿Algo que le gustaría hacer y aún no haya hecho?
-Formar una familia, que es lo que haría ahora mismo. Por eso te digo que este año va aparecer el hombre y el año que viene vendrá el bebe. (Ríe)