Lo lamentamos.
Aparentemente ha ocurrido un error de conexion.
Por favor refresque la pagina. Gracias.
Gracias.
F. GÓMEZ | SALAMANCA.
Es la víctima que ha cumplido años a los ojos de la opinión pública. Su primera imagen forma parte de ese archivo intemporal del dolor terrorista, la de una niña de doce años mutilada tras sufrir un brutal atentado.
Fue el 17 de octubre de 1991, pero casi veinte años después de aquello, la niña Irene Villa se ha convertido en todo un símbolo de entereza, de superación y serenidad. Psicóloga y periodista, ya no quiere hablar de política, sólo limitarse a pedir cariño a las víctimas.
-¿Qué conclusiones destaca de la mesa que ha moderado sobre la recuperación de las víctimas?
-La mesa de hoy me ha encantado porque aborda un aspecto que quizá es poco considerado. Las heridas psicológicas son más graves que las físicas. Yo, afortunadamente, tenia heridas físicas nada más, porque siempre tuve a mucha gente arropándome a mi alrededor, pero hay personas que han tenido que soportar terribles traumas.
-¿Qué aportan los debates ?
-Yo espero que hoy mucha gente haya descubierto algo nuevo, un aprendizaje que sirva para ayudar a terminar de curar esas heridas del alma que a veces parece que no se va a cerrar nunca y que van a estar haciendo daño de por vida. El terrorismo, la violencia fanática son un equipaje maldito, un dolor absurdo y gratuito que crea un daño muy difícil de superar.
-¿Qué valoración hace de la cita en Salamanca?
-Creo que ha sido un tremendo éxito. Una ocasión de sentirnos queridas. Destacaría la presencia de víctimas internacionales, con testimonios durísimos. También ha sido muy importante la de españolas, de políticos y ciudadanos vascos que han querido venir aquí a estar con nosotros. Ha sido reconfortante, pero sobre todo destaco que nos deja un montón de herramientas nuevas, de ideas y de pensamientos.
-¿Qué sintió en el homenaje ciudadano del viernes en la Plaza Mayor?
-Ese acto va a ser inolvidable para nosotros. Sentimos una emoción grandísima al entrar en la Plaza Mayor de Salamanca y ver a tanta gente esperándonos, aplaudiéndonos, compartiendo nuestro dolor y llorando como nosotros. Yo me emocioné sobre todo recordando a los que ya no están. Yo tengo la suerte de tener a mi madre a mi lado, mutilada como yo pero viva. Lamentablemente hay mucha gente que falta y para sus familiares ese acto va a dejar una huella inmensa de gratitud.
-¿Fue especialmente emotivo para los de fuera de España?
-Ya que este ha sido un congreso internacional, víctimas llegadas de Inglaterra, Argentina o Colombia pudieron vivir ese cariño que aquí se nos da a las víctimas. Para ellos fue muy especial, desde luego me quedo con un recuerdo imborrable de ese cariño tan sincero que marcó un gesto maravilloso.
-Y en España, ¿qué les falta a las víctimas para sentirse plenamente reconocidas?
-Nos falta que nos hagan justicia. Que los terroristas no salgan a la calle y recorten su condena por buena conducta o argumentos similares y que estos delitos no prescriban, porque el dolor que han causado no prescribe nunca. Los que pusieron la bomba en el coche de mi madre están a poco más de un año y medio para que su delito prescriba, para que queden libres de pecado y creo que eso no es justo. Quien hace algo así debe de pagar con lo que determine la justicia, no es posible que los terroristas queden libres sólo porque haya pasado el tiempo.
-¿Asume que se ha convertido en un referente de superación?
-Soy como soy, no tengo que interpretar un papel. Lo único que quiero es que quienes han sufrido violencia de cualquier tipo salgan adelante, que no sigan siendo atormentadas porque ya han padecido bastantes en su vida.