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Por Javier de la Rosa MISIÓN
A sus 31 años, Irene Villa conoce bien los retos de la mujer del siglo XXI. Alejada de la corrección política, se atreve a exponer su visión y a desnudar su alma.
Conserva el espíritu de aquella niña de doce años que sufrió un atentado. Al estar con ella, se palpa su compromiso con la sociedad que tanto la ha apoyado; y se percibe una persona buena, sincera, sencilla y directa que conoce muy bien su realidad y la que le circunda. No necesita teorizar sobre nada y tiene la capacidad de llamar a las cosas por su nombre. Irene sabe que sus opiniones cuentan para muchos porque lo que le ocurrió, la ha metido en la vida para siempre.
Usted y su madre dicen que el apoyo de la familia fue muy importante para ayudarles a superar el atentado. ¿En qué se tradujo ese apoyo?
La unión y el amor fueron la base. Mis padres no tenían mucho dinero pero nunca nos faltó el amor. Nos educaron en que lo material no era lo importante. Yo, desde bien pequeña, ya tenía conciencia de que había cosas caras que no se podían comprar y que la vida era mucho más que eso. Así era mi familia, y yo a mis hijos pienso educarles de esta manera; en lo fundamental. En lo que no voy a escatimar es en amor, en afectos y en atenciones.
A la mujer se le sigue planteando ese dilema entre la maternidad y su carrera profesional. Llegado el caso, ¿cuál sería su opción?
Mi prioridad son la familia y los hijos. Ya me pueden ofrecer el curro de mi vida que como se exceda unas horas lo voy a rechazar. De hecho, ahora, sé que podía haber tenido una carrera profesional más potente. Me han ofrecido de todo (televisión, dirigir una revista...) Pero no he querido dejar de lado a mi familia ni a mí misma. Yo, ante todo, procuro el bienestar de los míos.
¿Cree que la familia es considerada un valor esencial en España?
Si tengo un dolor, aparte del terrorismo, es por cómo se están infravalorando la vida y la familia. Se está haciendo un daño terrible a la sociedad. Está siendo algo feroz y me temo que irreparable. Además, es superdañino para los jóvenes. Mis alumnas dicen con frivolidad: “Si me quedo embarazada, aborto”. Hace unos años abortar era lo peor que te podía pasar en la vida. A lo mejor también se abortaba, pero era una carga. Era un dolor. Ahora las niñas de 13 o 14 años lo dicen con tanta frialdad...
¿Es creyente?
Sé que estoy aquí por algo y sé que Dios hizo un milagro conmigo porque uno no sale de un coche bomba con vida. Lo que pasa es que todo lo que he conseguido, claro, puede ser el empuje de Dios, pero también creo que me lo he currado. Sigo buscando. Me implanté un tornillo en el fémur para anclar la prótesis de la pierna y tener más movilidad y se me metió una bacteria en el quirófano que me tiene desde hace cuatro años con una infección. Yo le rezo cada noche para que me quite la infección, es lo único que le he pedido en mi vida.
¿Está enfadada con Él?
No estoy enfadada, pero estoy en búsqueda, porque si creyese no tendría miedo de que no me voy a curar. Yo sé que estoy aquí gracias a Dios y siempre le he dado gracias por todo. Y ahora le he pedido una cosa que no está en mi mano porque todo lo que ha estado en mi mano no se lo he pedido, lo he hecho. No quiero ponerle a prueba pero si dicen que la fe mueve montañas... Me he ido a ver a la Virgen de Guadalupe en México y a lo mejor me voy a Lourdes en mayo. Yo le doy gracias a Dios. Por un lado sé que está ahí, sólo que a veces tengo dudas.
Entonces ¿cree que hay una justicia divina para con los terroristas?
Sí. De hecho, eso es lo que me ha mantenido en paz conmigo misma. Y aunque al principio no cogieran a los asesinos yo le decía a mí madre: “Mamá, no te preocupes, que yo no tengo ni rabia ni nada porque sé que lo van a pagar”. Sé que el que hace el mal, en algún momento, lo va a pagar. Igual que sé que el que hace el bien, aunque pueda estar solo o le traten por tonto, al final tendrá su recompensa. Ser bueno te hace feliz por eso: te hace sentir bien y además tendrás tu recompensa.
Usted y su madre perdonaron a los etarras que intentaron acabar con sus vidas. ¿Qué le llevó a eso?
Yo sabía que, si odiaba, la única perjudicada iba a ser yo; y yo no quería pasarme toda la vida sufriendo. También hay que decir que mi madre y yo salimos vivas. Si a mi madre la hubieran matado, yo no sé si hubiera podido perdonar. Pero lo que sí sé es que quien perdona descansa; y se libera y puede ser feliz. Hay una frase que me encanta: “Si quieres ser feliz un día, véngate. Pero si quieres ser feliz toda la vida, perdona”.