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Desde muy pequeña me ha gustado el riesgo, con unos mínimos de seguridad garantizados, por supuesto. También me apasiona la naturaleza, los animales y la aventura. Por eso pasaba gran parte de mi tiempo libre en el campo, practicando deportes de montaña, explorando piscinas naturales y haciendo acampadas.
Cuando cumplí doce años, creí que iba a tener que dejar de lado todas mis aficiones porque perdí mis piernas. Fue por culpa de una bomba que unos terroristas, pusieron en el coche de mi madre.
Volver a andar fue la mayor aventura de mi vida ya que tuve que aprender a mover dos prótesis que al principio me parecían pesadísimas e incomodísimas. Pero luego vinieron muchas más. Cada paso adelante suponía superar barreras que aún hoy existen en nuestra sociedad. Desgraciadamente, la accesibilidad sigue siendo, en muchas ocasiones, una utopía. Ésta es precisamente una de mis eternas luchas. Las otras son la igualdad, la paz y la libertad, cuya defensa me ha costado muchas desilusiones con algunos políticos que lejos de facilitarnos esta lucha, nos ponen trabas. Aún así no me rindo, porque sigo pensando que hay mucha más gente buena que mala.
Fue maravilloso descubrir la Fundación También y todos los deportes de aventura que podía seguir practicando incluso sin prótesis. Aprendí a montar en bicicleta, a esquiar sobre un monoski, a manejar las piraguas y a disfrutar del buceo. Bucear aúna todo lo que me enloquece: el mar, los viajes y el contacto con la naturaleza en estado puro.
El primer deporte en el que me lancé a la competición fue esgrima. Pero no sentía la misma pasión que deslizándome por las blancas montañas.
