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D.VAZQUEZ
Dominical Coruña
Camina con cierta dificultad, apoyándose en un colorido bastón. Lleva en danza desde las siete y a la hora acordada para la entrevista, las cinco de la tarde, empieza a acusar el cansancio. Pero no pierde la sonrisa. Se retoca el maquillaje, con una manicura impecable a pesar de que en la mano izquierda solo tenga dos dedos. Le molesta que el flequillo no quiera quedarse en su sitio y cruza las piernas, o las prótesis, coqueta, para salir mejor en la foto. Desde la última operación en Suecia, en 2006, está mucho mejor. “Muevo la pierna casi como si fuera mía, llevo la prótesis todo el día puesta y me la puedo quitar con una llave allen”, explica. Su visita a A Coruña obedece a una conferencia, de la fundación Lo que de verdad importa, para transmitir a los jóvenes “esos valores que te ayudan a ser más feliz y más fuerte”. En su caso, aunque nunca se ha considerado una víctima, tiene más mérito: “Todos tenemos un potencial, pero es triste que tenga que pasar algo difícil para sacarlo”.
¿Es muy pesado eso de saber todo el rato que una es un símbolo?
No, porque como yo no me siento así, que sea un símbolo, ni que esté haciendo una pose, ni que esté interpretando un papel, para mí no es nada difícil. Cuando era pequeña la gente me decía: “Jo, qué rollo tener que estar todo el rato sonriendo, agradeciendo, atendiendo a la gente que viene a decirte que eres valiente”. Y para mí es al revés, yo estoy encantada, creo que no hay nada mejor que el hecho de que la gente te quiera. No me considero un símbolo ni nada de eso.
Pero es cierto que todo el mundo sabe quién es usted en el mismo momento en que entra por la puerta...
¿Sabes que no tengo mucho esa percepción? A veces vamos por ahí y la gente me mira. Y yo me quedo así y digo: “¿Le conozco de algo?”. Y mi hermana me suelta: “Hija, tú no le conoces pero él a ti sí”. Y yo: “Ay, claro, es verdad”. No estoy en ese rollo, como tampoco soy famosa-famosa, en plan Shakira, no tengo esa percepción. Me considero una chica normal, aunque es verdad que a veces me paran para hacerse fotos conmigo por la calle. Mi chico es argentino y la primera vez que me pasó estando juntos, alucinó, porque no tenía ni idea de mi historia. Y yo a veces alucino un poco también.
¿Por qué?
Porque muchas veces no soy consciente de todo eso. Yo he seguido mi vida, siguiendo los objetivos que afortunadamente me he propuesto, sin querer ser ejemplo ni espejo de nadie. Pero, al haber ganado la Copa de España de Esquí y haber conseguido otras cosas, sí que los jóvenes pueden ver ese reflejo de que, lo que uno quiere, si pone voluntad y constancia, lo consigue.
Da la sensación, al leer otras entrevistas suyas, de que se ha sentido utilizada por los políticos...
Bueno, más que eso creo que se ha interpretado en los medios de comunicación que las víctimas estábamos politizadas y eso para mí ha sido muy doloroso porque yo jamás me posicioné políticamente; de hecho, nadie sabe a quién voto, casi ni mi madre. En mi casa jamás se ha hablado de política, algo que mucha gente no entiende. A mí me preguntan: “Pero tú, ¿eres de izquierdas o de derechas?”. Y yo eso no lo he mamado, como todo el mundo, todos tenemos un abuelo rojo y uno nacional, pero a mí nadie me ha inculcado ser de izquierdas o ser de derechas, para mí eso se quedó en la Guerra Civil.
Pero de algo será...
Yo lucho por las libertades, por el progreso y por una sociedad que se quiera. La felicidad, el amor... para mí esa es la única bandera. Y cuando me dijeron que era del PP, que las víctimas éramos del PP, me dolió. Y, en cuanto a las manifestaciones, el hecho de que fuera la plana mayor del PP, hizo creer a la gente que solo hay víctimas del PP. Y es mentira; están las que no nos posicionamos, las que son del PP porque les da la gana y las que son del PSOE o de Izquierda Unida. Me parece absurdo que haya que etiquetarse. ¿Por qué la política tiene que inundarlo todo? Cuando algo se politiza, pierde su potencia.
¿Nunca la han tentado?
A mí me lo han propuesto, por el cariño que la gente me tiene, por cómo transmito y comunico, porque soy sencilla y directa y el mensaje llega... Y, claro, eso a un político le gusta, pero yo no quiero estar en política porque no me he formado para ello y tampoco creo en los partidos. Los mensajes que doy son para todo el mundo.
¿Y no cree que sería buena?
Pues probablemente pero como tampoco hay un partido que me convenza... Mi chico dice que tengo que crear yo un partido. Yo soy humanista ante todo, pero no me voy a meter en política, porque no sería feliz.
¿Qué opina cuando lee titulares sobre negociaciones con ETA o legalización de partidos?
Antes sí que estaba involucrada y sí que me trastocaba. Ahora ya digo, que sea lo que tenga que ser. Me joroba que salga un etarra de la cárcel antes de tiempo, porque creo que el que la hace, la paga, pero intento separarme, hay otras víctimas que han cogido el relevo de la reivindicación. Yo sigo con ese lema de memoria, dignidad y justicia, pero estoy más orientada a los jóvenes, para que no ejerzan jamás la violencia.
Hay quien dice que es usted la resiliencia en persona.
Sí, aparte de que ya tenía esos ingredientes por mi madre y por mi abuelo. Es un hombre de 91 años, bueno, alegre, feliz, dispuesto... Eso se hereda pero también influyen cosas que he leído y me esfuerzo por trabajar en ello. Me ayuda la fe y la psicología positiva. Son pensamientos positivos.
Habla de positividad, de buen rollo, de optimismo... ¿De verdad que nunca se enfada?
Eso me dice mucha gente. Es difícil que yo me enfade, aunque cuando duermo poco estoy algo insoportable. Eso me dice Juan Pablo: “Es que no te ve la gente cuando te despiertas, eso la gente no lo ve”. No me gusta enfadarme, pero no solo por mi carácter, que es optimista, sino porque pienso que es un tiempo perdido. No voy a cambiar nada, así que intento cambiarlo en positividad. Creo que es inteligencia emocional, que evita disgustos, preocupaciones y enfados. Tengo mucho sentido del humor y me río de todo.
¿Incluso con aquellos chistes de Irene Villa?
De hecho, hemos terminado la conferencia con eso, con los chistes. Yo les he dicho que me encantan, porque es verdad que yo en la piscina no hago pie. A mí me hacen gracia esos chistes.